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Parto en agua
Por: Claribel

Cuando supe que estaba preñada eso del parto ni me preocupó ni me afligía, al fin, faltaba mucho. Poquito antes de los 7 meses, terminando mi hermoso segundo trimestre, y digo hermoso porque el primero fue un horror, comencé a sentir miedo. Pero aun, miedo a parir no era. Era miedo a que mi parto me fuera arrebatado, ajeno, controlado, un recuerdo amargo después de un tiempo, miedo a que mi bebe fuera jaloneada, medicada, aluzada, no era esa la bienvenida que queria para ella. Clarito recuerdo que envidiaba a los animales -nadie se mete con sus partos- pensaba. Las hembras para parir buscan su lugar, y allí en ese lugar que escogen, viven la experiencia de la vida, ellas y sus crías. ¡Eso quería yo! vivir la experiencia, ver para que estaba hecho mi cuerpo, que tenía designado la naturaleza para nosotras, Cali y yo.

- ¡¿Un parto en casa, sin intervenciones?!- gritaron mi hermana y mi pareja. Donde vivo no me gusta tanto para parir, honestamente, pero era el lugar donde me sentía más segura y quizá, podría tener control sobre las cosas. Días enteros pasaba buscando información, hasta que me topé con el término 'parto respetado, parto humanizado', los ojitos me brillaron. Yo ya estaba determinada pero ahora tenía información y respaldo para mostrarle a los míos que sí era posible y sobre todo seguro -que era lo que a ellos les agobiaba-.Entre mi búsqueda, encontré en mi ciudad un centro que me orientaría hacia esto, inmediatamente fui a conocer, escuchar y ver. La primera vez que escuche a Elena, me sentí entendida, un poquito menos loca, desde entonces ya no quise salir de allí. Porque ella me enseño que no tiene nada de malo no querer ser operada, canalizada, acostada, medicada, rasurada, cortada ni manipulada.

Mi doctor de casi toda la vida no apoyó mi decisión de parto, casi se burlo, entonces continuaba buscar un doctor que compartiera mi visión. Pronto encontré a la Doctora, desde que la conocí supe que quería que ella ayudara a traer a Calio al mundo, todo caía en lugar. Muchísimo pensé conforme se acercaba el tiempo que quizá la cosas no saldrían como planeadas -habíamos decidido tener un parto en agua y respetado, sin intervenciones- después de todo eso es lo más común, que lo planes se embrollen. Mas pensé en esto cuando mi Doctora me dijo que mi pelvis era estrecha, pero como no me dio luz roja, sino toda su serenidad, el bosquejo seguía en pie. El martes 12 que mi Calíope cumplió sus 40 semanas dentro de mí, los nervios no me dejaban ni respirar agusto, mis temores crecían, comía y dormía ansias porque el día de parto llegara y nada mas no llegaba. Fui a mi control, me dieron cita para ese viernes porque Cali aún no se decidía a acomodarse, nada sospechaba yo que estaba por decidirse pronto pronto. Ese día ya llegando las 12 de la noche, estando acostaba escuche un sonido -como quien le hace un agujerito a una bolsa de agua- pero fue tan tenue que no me dejo claro sí mi parto había comenzado. Llame a mis hermanas que estaban en el cuarto de al lado y me confirmaron, -sip Clari, rompiste fuente-Uuff comenzaron las contracciones, yo sabía que eran las leves, aprendí de eso en el curso, sabía también que las peores estaban por llegar.

Cuando le platique a mi mamá mi plan de parto, respeto me decisión y me dijo sobre los dolores 'prepárate para lo peor, así estarás preparada para lo que es' y eso hice, me prepare para lo peor, ¡que ingenua! pronto la vida me daría una lección de humildad, enseñándome que no tenía idea de lo que 'lo peor' era.

Cuando la dilatación se completó, yo estaba más que lista para pujar y así lo hice, ponía toda mi fuerza en cada contracción, adolorida, exhausta. Recuerdo me parecía interminable el proceso, pensé un par de veces en mi pelvis estrecha, a veces tuve miedo de que Calí no pudiera bajar.

El cuarto donde parí estuvo lleno, nunca pensé decir esto, pero ¡que afortunada fuí! En medio expulsivo, cuando ocupaba ese susurro de amor, mi pareja en mi espalda, sabiendo que podía dejarme caer y allí estaría el. Cuando precisaba seguridad, mi Doctora, remarcable en su profesión, gran mujer. Mis hermanas alrededor, maravilloso lo reconfortante que eran sus rostros, cuando todo esto de parir era nuevo para mí, ellas despertaban en mi este sentido de familiaridad y felicidad. Cuando necesitaba fuerzas y guía buscaba los ojos de Elena, cada una de las veces que lo hice, sus ojos me recordaban que si podía, el lazo con ella es innombrable, una conexión que trasciende, que solamente comprenden una parturienta y su doula.

En los últimos pujos, desde muy lejos y corriendo llegó mi madre, entonces no necesite nada mas que sentir su mano apretando la mía. Así que, después de 7 horas, llegó mi Cali, no puedo comparar esa satisfacción con nada mas, ni un instante la extrañe adentro de mí, estaba perfecta allí donde estaba, en mi pecho.

No nos separamos, estuvimos juntitas todo el tiempo. De eso hace un par de meses, dos meses en los que he adorado la vida, pues porque es retebella.

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Por: Karina Ledesma

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