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EXPERIENCIA DE PARTO VAGINAL DESPUES DE CESÁREA (PVDC)

Rainer, Sofía, Natalia y Elisa.

La historia del nacimiento de mi segunda hija, Elisa, no inicia con el trabajo de parto, ni siquiera el día de su concepción; sin duda inició cuando viví el nacimiento a través de cesárea programada de mi hija mayor Natalia.

En mi primer embarazo, me preparé lo mejor que pude, tomé clases de pilates, asistí al curso psicoprofiláctico y me hice a la idea de tener un parto natural, aunque el ginecólogo que me atendía era un médico tradicional, y yo inexperta, me deje guiar por lo que creía sería lo mejor para Natalia; en la semana 38, me “recomendó” una cesárea porque la forma de mi pelvis no me permitiría tener un parto natural o sería muy complicado. No hará falta describir con detalle lo que vino después: vi a Natalia dos minutos, se la llevaron, le hicieron todas las pruebas, luego a cama térmica, alimentación con fórmula y unas horas después me la llevaron a la habitación ya bañada y sin hambre. La lactancia fue toda una lucha; después de muchas lágrimas y de repetirme un día tras otro, que la lactancia era lo único que nos quedaba por pelear, después de sentirme culpable por no haber luchado por un parto respetado. Físicamente la recuperación de la cesárea fue relativamente rápida (relativamente, porque se trata de una cirugía mayor, que dolía, y mucho, cuando me sentaba para amamantar, cuando me agachaba a cambiar a la bebé, que mínimo la primer semana no me podía bañar sola). Anímicamente, ha sido una de las experiencias más difíciles que he vivido. Ahora sé, que algunas mujeres no superamos fácilmente una experiencia así; yo me sentía vacía, incompleta y muy culpable por no haber intentado si quiera, un parto natural y un nacimiento respetado para Natalia.

Cuando planeamos el segundo embarazo, lo primero que tenía en mente era buscar un profesional que estuviera a favor de un nacimiento humanizado, que me apoyara para lograr un parto vaginal después de cesárea y que tratara el parto como un evento fisiológico y no patológico. Así llegué con la Dra. Karina Ledesma; viví un embarazo tranquilo, sin ningún problema o sobresalto. Aquí la historia del parto en agua de Elisa:

El domingo 13 de marzo en la madrugada despierto a las 4 con contracciones ligeras, cada 20 minutos, a las 7 de la mañana le hablo a la doctora, y ella me explica que así puedo estar unos días más, así que por lo pronto no es necesario revisar. Por la tarde me contacta la doctora por mensaje y me recomienda descansar mucho porque puedo estar así por días (en ese momento no entendí lo necesario que era descansar en esas horas previas), y acordamos vernos al día siguiente a las 10:30 en su consultorio.

Lunes 14 de marzo a la 1 de la mañana las contracciones aumentan intensidad y frecuencia, son cada 10 minutos. Me levanto, son incómodas acostada. Me mantengo de pie y en movimiento en cada contracción y para descansar me siento en la pelota de pilates, logro dormir unas dos horas recargada en la pelota. Hacia las 7:00 am se van espaciando, así que le digo a Rainer mi esposo que se vaya tranquilamente a León a trabajar, porque sigo de pre parto. Llegando al consultorio las contracciones vuelven a aumentan en frecuencia e intensidad. Me revisa y todo está bien, suficiente líquido, corazón de bebe perfecto y 2 cm de dilatación! Calcula, Elisa nacerá en la madrugada, así que me recomienda que Rainer se regrese de León. Las contracciones agarran su ritmo. Cada 5-7 minutos, y con duración de 45-47 segundos. A las 6:00 pm decido tomar un baño caliente. Qué agradable sensación! He perdido la noción del tiempo, cuando salgo de la regadera ya son las 7:00 pm. Las contracciones siguen el mismo ritmo, solo que duelen cada vez más.

Aviso a la Elena (doula) y a la doctora Karina, que es momento de ir al hospital; recuerdo que el trayecto se me hizo eterno y odie más que nunca cada bache de la ciudad.

Llegamos al hospital a las 9:00 pm, karina me revisa, tengo 5 cm de dilatación, debo confesar que no era lo que esperaba, pero me animan tanto ella como Elena y yo me mantengo positiva. Rainer llega como a las 10 pm y pareciera que lo estamos esperando porque las contracciones empiezan a ser cada 2 minutos; abrazo a Rainer para moverme en cada contracción, mientras Elena me ofrece masaje en el coxis, eso me alivia; también vocalizamos (Elena vocaliza, yo a veces, grito ja ja ja). Cada determinado tiempo (no se con certeza cada cuanto) monitorean a Elisa y me dicen que todo va bien, la niña va aguantando perfecto (es mi preocupación, que ella pueda sufrir). En algún momento de la noche-madrugada me meto a la regadera, aquí el dolor es más llevadero, aunque también empiezo a sentirlo diferente, siento presión hacia abajo, me revisan y ya tengo 8 cm. Al rato me dice Elena que ya podemos subir a la tina, que Karina nos espera; no recuerdo mucho, pero veo en la sala de expulsión la tina, una camilla y el lugar listo donde revisarán a Elisa. Veo el reloj, son las 2 am, Karina me revisa nuevamente y sigo con los mismos 8 cm, me decepciona escuchar eso, porque para mí ya han pasado muchas horas. Elena me anima y me dice que eso es relativo, que me concentre en hacer algunas posiciones, subo el pie a un banco y me balanceo durante las contracciones para ayudar a abrir pelvis, cuando hago esos ejercicios recuerdo haber gritado que me partía en dos, y me explican que es normal esa sensación, que es la pelvis que se abre. Rato después (ignoro cuanto) entro en la tina, y para este momento ya tengo la sensación de pujo cuando vienen las contracciones; recuerdo que me cuesta mucho trabajo encontrar una postura cómoda en la tina, porque me resbalo si estoy arrodillada, intento en cunclillas pero ya mi cuerpo está tan agotado (hubiera descansado, cuando se podía) que se me resbalan las piernas; sin embargo, el dolor sí que lo alivia el agua caliente. Llega el pediatra, se presenta, me anima... El tiempo pasa... Me sugieren una nueva posición. Horizontal pero dentro del agua, mi esposo y el pediatra me ayudan sosteniendo las piernas y la doctora Karina me ayuda con sus dedos a abrir el canal de parto mientras yo pujo a cada contracción. Esto ayuda mucho; monitorean a Elisa, ella sigue bien. En determinado momento veo el reloj, son las 5 am, pienso y digo que ya no puedo más, mi cuerpo ya no me responde, mi mente hace mucho que quedó bloqueada, porque me hablan pero no escucho, o más bien no razono lo que me dicen. Escucho dos cosas que sí me traen de vuelta a la realidad: la doctora me dice que lo intentemos media hora más, y si no, será mejor salir del agua para que me den un poco de anestesia, si no nace así, entonces tendremos que pensar en cesárea; y escucho preguntar al pediatra si la manguera del oxígeno llega hasta la tina (yo deduzco que es para Elisa por si se necesita cuando nazca). Recuerdo entonces, que yo me concentro, no quiero cesárea, y mucho menos quiero que Elisa sufra; y estas dos cosas, repito, me traen de vuelta a la realidad. La doctora me ofrece un poco de oxitocina para ayudar, la acepto; Rainer me pregunta si estoy segura (yo le dije que no me dejara tomar ninguna decisión al calor del momento, no anestesia o cesárea solo por exceso de dolor o cansancio por ejemplo) le contesto que no es lo que quiero, es lo que necesito en esos momentos, me canalizan, me ponen oxitocina.

Con la oxitocina y mi vuelta al mundo real, me concentro en mi cuerpo, no sé de dónde saco fuerza, pero llega, le pido a Elisa su ayuda, no recuerdo si solo mentalmente o también lo digo en voz alta, pero pareciera que ella me escucha; pujo otras tantas veces, esta vez con éxito! La ginecologa me dice que ya viene la cabeza, que puje suave para no lastimarme, sale la cabeza (wow! Duele, otro pujo y sale el cuerpo! Por fin!). 15 de marzo de 2016; 5:21 am! (40 semanas exactas de gestación). Después de dos noches completas sin dormir, 19 horas de trabajo de parto, y un expulsivo que se me hizo eterno por fin mi pequeña está en mis brazos!! Y no necesitó oxígeno, lloró fuerte. La acaricié, le hablé, la besé! Y agradecí a todos en ese espacio por apoyarme de esa manera. Después me comento la Doctora Kary, que era genial mi cara cuando tenía a Elisa en brazos, así como asimilando y creyéndomela que lo habíamos logrado.

Cortaron el cordón cuando dejó de latir. Un cordón pequeñito por cierto, apenas y podía poner a Elisa sobre mi estómago; luego papa canguro acompañó al pediatra en lo que a mí me revisaron.

Bajamos al cuarto como a las 6:30 am y ahí inició el piel con piel y la lactancia materna.

Hoy me reconcilio con mi cesárea programada, y sus circunstancias. Ello me dio fuerza para luchar por un parto respetado, Gracias Natalia! Porque tú me hiciste mamá y luche por una lactancia exitosa, sabiendo que era lo mejor para ti y lo único que nos quedaba de ese día en que te obligamos a nacer. Tú me hiciste la mujer que soy hoy.

Gracias a Rainer, mi esposo, como pareja pasamos por muchas pruebas durante el embarazo, y ahí estuvo siempre, pero el apoyo que me dio ese día es inigualable! Nos une más y fortalece nuestra relación.

Gracias a mi ginecóloga, Karina Ledesma, el mundo está urgido de médicos profesionales y respetuosos que nos permiten tener estas experiencias de vida. Recomiendo ampliamente su trabajo.

Gracias a mi amiga y doula Elena Leyva. Sin ella no se hubiera logrado el nacimiento de mi pequeña Elisa, al menos no en esas circunstancias. Ella fue el soporte externo, el brazo paciente y la voz dura que ese día me dio el equilibrio necesario.

Gracias al pediatra, Juan Pablo Martínez, que además de recibir en un entorno humanizado a mi bebe, sirvió de apoyo y colaborador, las horas que estuvo ahí.

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Por: Karina Ledesma

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