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Nacimiento de Emiliano

Con mi primer hija siempre tuve la idea de que quería un parto natural, que quería amamantarla, etc. Todo lo mejor que se puede desear hacia un hijo; ahora viene el pero… jamás me informe al respecto. Y por eso de mi cesárea tengo algo de culpa, si me hubiese informado bien, hubiera tenido elementos e información suficiente para evitarla o por lo menos para haber tenido una cesárea humanizada. Para hacer que se me respetaran mis derechos como madre. Cuando nació mi hija por cesárea, de inmediato la pusieron debajo del foco para revisarla, me la acercaron unos cuantos segundos y se la llevaron a los cuneros; para mí en ese momento era lo “normal”, le dieron fórmula y adiós lactancia. Aunque traté de darle leche materna no supe cómo hacerlo y me rendí.

Al quedar embarazada de mi segundo hijo tuve claro en todo momento que yo quería ser atendida por una ginecóloga humanizada; parecerá irónico, pero yo encontré a la doctora Karina mediante un grupo de apoyo para madres en Facebook. Tuve mi primera consulta con ella y de inmediato me convencí. Ahora si había tomado la mejor decisión de asistir a un curso de preparación para el parto y ahí también fue que encontré a quien quería que fuera mi Doula, Elena. Así fue que me enamoré con la idea de un parto en agua.

Llegado el último mes de mi embarazo tuve la inquietud si me iba a dar cuenta cuando estuviera en trabajo de parto, ya que de mi primera hija ni eso me permitieron, sentir los famosos dolores. Pero estaba bastante tranquila pues ahora era diferente, ahora sí tenía información.

Llegue a la semana 39 y ni un pequeño dolor me había dado, eso me había inquietado un poco, pero jamás dejé que me quitara el sueño. Yo, mi esposo Hugo y mi hija Nicole ya estábamos ansiosos de conocer a Emiliano.

En la semana 39+6 me puse a hornear un pastel, era ya de noche alrededor de las nueve; mi hija Nicole estaba bastante inquieta, sensible, “chipil”; quería sólo que mamá la abrazara y lloraba por todo. Ya era muy noche, alrededor las 12:00 am , decidí parar al ver que mi hija lloraba y esperaba a su mamá para poder dormir, yo supuse que estaba así por la hora que era, en fin. A la mañana siguiente cumplí las 40 semanas exactas de embarazo. A las 8:00 am me empezaron unos pequeñísimos coliquitos (como si quisiera ir al baño), me bañe, me arreglé y los dolores empezaron a sentirse como si me presionaran la cadera, obviamente era algo tolerable y no tenía una frecuencia, por lo que estaba dudosa si en verdad ya había empezado mi trabajo de parto.

Así que con mi esposo, mi hija y mi mamá nos salimos a almorzar, mi hija Nicole empezó nuevamente a estar sensible, lloraba. Los dolorcitos seguían, ahí fue que me di cuenta que Emiliano ya quería nacer. Mi hija, sintió primero las señales del nacimiento de su hermano, por eso estaba sensible. Acabamos de almorzar, fuimos a la central camionera y de ahí nos fuimos al centro a comprar algunas cosas que me faltaban para la llegada de Emiliano. Dimos todo un tour por Morelia.

Regresamos a casa alrededor de la 1:00 pm, al terminar de comer los dolores eran más constantes y más dolorosos (pero tolerables). Comí pastel, porque sabía que tal vez era lo último que iba a comer antes que naciera mi hijo. Empecé en la sala de mi casa a mecerme en la pelota de pilates, después decidí que quería ducharme con agua caliente cayendo sobre mi cadera; fue relajante.

Eran las 4:0 pm aproximadamente cuando decidí llamar a la doctora Karina y a Elena para avisarles que ya había empezado con dolores. Me retiré a mi habitación con mi esposo para seguir mi trabajo de parto (que fuera algo íntimo), mi madre me ofreció un té, mi esposo se ofreció a hacerme masajes en la espalda como lo habíamos aprendido con la Doula Elena, pero en mi caso no resultaron de mucha ayuda. Decidí que quería estar en casa el mayor tiempo posible con mi hija, hasta que ya no aguatara más me iba a ir al hospital. Y así fue, el trayecto de la casa al hospital se me hizo eterno; llegamos al hospital a las 8:00 pm, tenía miedo de que la doctora al revisarme me dijera que no tenía muchos centímetros dilatados. Gran sorpresa me llevé cuando me dijo que tenía siete, sentí alivio de saber que ya entraría en la tina con agua caliente. Al entrar los dolores eran intensos, le pedí a mi esposo Hugo que me ayudara y entró conmigo, me abrazó a cada segundo. Monitorearon el ritmo cardíaco de mi bebé todo el tiempo, todos los presentes me ayudaban, me ofrecían agua, etc. Las palabras de aliento de la Doula fueron de gran ayuda, me calmaban; pero yo no estaba pujando adecuadamente, estaba cansada, ya no quería que me vinieran más dolores, quería que mi hijo naciera pronto. Recuerdo que la doctora me hizo la corrección acerca de mi respiración, que se me podía bajar la presión si no estaba respirando adecuadamente, que había “pujos” que no servían para que el bebé bajara; y fue así que me empecé a concentrar para ayudar a mi hijo a nacer. A las 10:35 pm nació Emiliano, me lo pasaron como balón de futbol americano decía la doctora jeje. Cuál fue mi sorpresa cuando la doctora me dijo que mi bebé traía dos circulares de cordón, ella en los ultrasonidos ya lo había visto, sólo que no quiso asustarnos. Estuvimos unos minutos en la tina los tres, lloró prácticamente nada mi hijo, su papi corto el cordón. Salimos para que el pediatra revisara a Emiliano, y a mí la doctora. Mi esposo Hugo lo sostuvo como papá canguro mientras terminaban de revisarme a mí, tan calmado y tranquilo estaba mi bebé al nacer bajo un parto respetado y nada traumático. Llegando a la habitación me dieron a Emiliano, estuvimos piel con piel toda la noche y así empezamos una lactancia exitosa.

Agradezco que existan doctores, como la doctora Karina Ledesma que ayuden a traer al mundo a bebés de una forma muy humana y respetada.

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Por: Karina Ledesma

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